Periodistas Pateticos y Gorilas – La Salud de Nestor Kirchner


Mariano Grondona
Opinión

Kirchner, ¿hombre fuerte u hombre débil?

Por Mariano Grondona
Especial para lanacion.com

Jueves 16 de setiembre de 2010

Hasta hace pocos días se tenía por seguro que Néstor Kirchner era el "hombre fuerte" de la Argentina. Sus seguidores lo alababan y sus opositores lo cuestionaban, pero unos y otros coincidían en reconocer que Kirchner, por lo pronto, mandaba. Esta hipótesis de trabajo, ¿continúa siendo sostenible después de lo que pasó durante los últimos días? Desde la madrugada del domingo, cuando lo afectó una crisis cardíaca, la imagen de un Kirchner físicamente robusto fue reemplazada por la imagen de un Kirchner físicamente vulnerable. ¿Podría haber un tercer episodio vascular? Nadie lo sabe.

Pero a esta duda "médica" sobre la prolongación del poder de Kirchner acaban de sumarse, en rápida sucesión, otras dudas esta vez "políticas" como la orden que acaba de dirigirle con amplia mayoría la Corte Suprema para que cese la resistencia que, a través del gobernador de Santa Cruz Daniel Peralta, se ha empeñado en oponerle al máximo tribunal desde que éste le ordenó, hace ya más de un año, reponer en su cargo al procurador general de aquella provincia Eduardo Sosa, un verdadero "ultimatum" que, de ser nuevamente desobedecido, plantearía un grave conflicto de poderes entre el Poder Judicial y el Poder Ejecutivo nacional, del cual depende enteramente el gobernador Peralta.

¿La Corte, finalmente, despierta? También despertaron ayer por la tarde los jueces que votaban para elegir a sus representantes ante el poderoso Consejo de la Magistratura en una dirección opuesta a la actual, como ya había ocurrido con la elección del doctor Alejandro Fargosi en representación de los abogados. Todo indica que Kirchner podría perder en poco tiempo el monopolio del nombramiento y la remoción de los jueces del que había gozado.

El "hombre fuerte" que nos había gobernado, ¿se está convirtiendo acaso en un "hombre débil"? En la medida que empieza a ser válida, esta pregunta subraya una paradoja que los gobernantes autoritarios insisten en ignorar. Los autócratas que en países como Venezuela y la Argentina pretenden proyectar una imagen interminable de poder, ¿son acaso más fuertes que los gobiernos republicanos que rodean a la Argentina en Brasil, Chile, Uruguay y Colombia, u ocurre al revés? Las repúblicas no autoritarias, gobernadas por presidentes que no aspiran a retener el poder para siempre sino dentro del plazo estricto que les ha sido asignado, plantean de hecho una secuencia "inmortal" porque a sus períodos constitucionalmente "breves" los suceden otros del mismo tenor hasta que entre todos suman ya no "años" sino "décadas" de continuidad, en tanto que a las dictaduras autodefinidas como interminables las alcanza tarde o temprano un dato insoslayable: que hasta los hombres autodefinidos como providenciales son, también, física o políticamente "mortales".

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1305179

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Luis Majul
Opinión

Kirchner para rato

Por Luis Majul
Especial para lanacion.com

Miércoles 15 de setiembre de 2010

 

La Presidenta tiene razón: hay Kirchner para rato. O mejor dicho: habrá Kirchner por lo menos hasta octubre de 2011, cuando el diputado nacional se juegue la última carta con el intento de regresar a la presidencia.

No hay que ser médico ni encuestador ni brujo para imaginarlo. Solo se deben chequear los antecedentes de cómo suele funcionar El Dueño en estas circunstancias. Es decir: después de un serio problema de salud al que se le pretende dar una respuesta política. Y la estrategia es de manual. Intentará demostrar que sigue en pie, con lógica de superhéroe para la juventud y de mensaje unificador para la tropa que ahora duda se su capacidad física. Aprovechará el nuevo contexto donde aparece "más humano" para recuperar algunos puntos en la imagen positiva que acaba de perder después del embate contra Fibertel y Papel Prensa. Se controlará las primeras semanas como lo hizo después de la operación de carótida en febrero de este año. Y, si esta última angioplastia le sirve de alerta, o si de veras pretende conservar el poder hasta el final, deberá cuidarse un poco más de lo que lo hace ahora. ¿Cómo? Esa es una pregunta que todavía no tiene respuesta.

La primera vez que tuvo que afrontar una circunstancia parecida fue en 1996, cuando gobernaba Santa Cruz. Por esos días, le comunicaron oficialmente que padecía de colon irritable y, tras cartón, lo operaron de hemorroides. Hasta ese momento, el fumaba Jockey Club, tomaba whisky nacional Criadores, comía cualquier cosa y solía ir al casino, donde casi siempre le jugaba al 29. Después de ese episodio se asustó tanto que cambió todos sus hábitos por otros más sanos que todavía hoy mantiene. Jamás toma café negro y siempre con leche. Su plato de cabecera es pollo hervido o al horno con arroz blanco. Ya no fuma y reemplazó el casino por la cinta donde camina y corre muy despacio. Aquel susto tenía justificación: su padre murió de cáncer de colon a los 64 años. Y la operación se precipitó después de una situación estresante: había discutido muy fuerte con el vicegobernador Eduardo Arnold porque no quería contratar a militantes de su agrupación política. Un dato inquietante: salió desde el quirófano a la residencia del gobernador, sin el permiso de su médico personal. Se descompensó y recién entonces se fue a descansar ante el estupor de su esposa, que ni siquiera sabía que lo habían terminado de operar de hemorroides.

Kirchner para ratoFoto: 

Lo de abril de 2004 fue más grave, pero siguió la misma lógica. Tomó un analgésico y antiinflamatorio sin consultar a su médico para aplacar el dolor de un tratamiento de conducto. Voló desde Río Gallegos a Calafate, a pesar que el pobre Luis Buonomo le recomendó que no lo hiciera. Por la noche empezó a vomitar y defecar sangre hasta que lo tuvieron que internar de urgencia en el hospital Formenti. El diagnóstico: gastroduodenitis erosiva aguda con hemorragia. Estuvo mal de verdad. Su familia temió por su vida. Le tuvieron que transfundir el equivalente a la mitad de sus glóbulos rojos. Días antes había soportado la primera amenaza política que había tenido desde su asunción como presidente: la multitudinaria marcha convocada por el falso ingeniero Juan Carlos Blumberg en memoria de su hijo Axel secuestrado y asesinado.

En febrero de 2010 la pericia de varios médicos permitió que le detectaran a tiempo algo que podría haber terminado en un accidente cerebrovascular. Cuando viajaron desde la Clínica Privada de Olivos hasta el sanatorio Arcos la Presidenta, muy consternada, le hizo prometer que, en el futuro, dejaría de hacer algunas cosas que pusieran en riesgo su vida.

El hecho político que lo había afectado horas antes lo involucraba en lo personal. Se trataba de la acusación de haber usado información privilegiada para comprar dos millones de dólares y adquirir acciones de la empresa que es propietaria del hotel Alto Calafate.

Después de la operación de carótida, Kirchner redujo su agenda, la duración de sus discursos y bajó la intensidad de su voz, como le había pedido su médico. Los encuestadores sostienen que fue durante esos días cuando el Presidente del Unasur empezó a bajar su imagen negativa y subir la positiva. Se lo percibía más tranquilo y más "cercano". Pero después de un tiempo volvió a ser el de siempre. Un típico exponente de lo que se denominan personalidades del tipo A: obsesivos, exitosos, hiperquinéticos y competitivos. Gente que vive cada problema como si fuera el último y el más importante de su vida. Individuos que si no tienen enemigos, se los inventan, porque la dinámica de la confrontación les hace subir la adrenalina más que ningún otro ejercicio.

Quedará para otra ocasión determinar si Kirchner padecería, además, el síndrome de Hubris, una denominada enfermedad de quienes ejercen el poder de manera intensa y durante un período prolongado de tiempo. Los líderes que la tienen suelen tomar decisiones que para la mayoría son consideradas irracionales.

Lo que también parece evidente es que el ex presidente no podría, ni sabría vivir de otra forma. ¿Podrá comprender de verdad que para mantener el poder es imprescindible modificar algunas de sus conductas más arraigadas?

Ojalá que esa señal de alerta le sirva para recuperar el equilibrio de su salud. Y también el equilibrio político.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1304708

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Joaquín Morales Solá |
La situación

Comienza a dibujarse la finitud kirchnerista

Joaquín Morales Solá
LA NACION

Lunes 13 de setiembre de 2010 | Publicado en edición impresa 
 

El enredo de las arterias fue un instante impertinente, un rayo inoportuno. Si la imagen es parte de la realidad, como lo es, lo único que le faltaba a Kirchner era el aspecto de un hombre frágil. Ya era antes un político débil. El peronismo nunca compró nada tan precario como promesa de poder, justo, además, cuando los más influyentes caudillos bonaerenses comenzaban a tomar distancia de él. Algunos lo hacían frontalmente, como el grupo de ocho intendentes peronistas que se separó de Kirchner en los últimos días y se mostró en un escenario y una foto, mientras otros deslizaban su desafecto entre murmullos y reproches.

Un poco más cansado que de costumbre, muy flaco, con signos inexplicables de cierto envejecimiento. Así lo entrevieron en los últimos tiempos interlocutores esporádicos, que no están con él cotidianamente. Una mueca, el silencio o un gesto delatan también ahora a Kirchner como un político que asume la finitud de su carrera. La asume a medias, en verdad, porque fue, en meses recientes, un político desconocido e indescifrable. Kirchner nunca fue un político clásico, pero nunca antes mostró tanta fascinación por saltar hacia el vacío. Su viejo método de jugar al todo o nada parecía que se había trasmutado en un duelo a matar o morir.

¿Qué le pasaba en su alma o en su cuerpo para meterse en batallas perdidas de antemano o para levantar, en arrolladores ataques de ira, a más enemigos de los que ya tiene? ¿Qué podría explicar que haya convertido a un siempre predecible Daniel Scioli en un probable adversario resentido? ¿Para qué? Las explicaciones sobre sus enojos con el gobernador bonaerense porque no lo acompañó en los ataques a Papel Prensa, a Fibertel o a Clarín no dicen nada. Si fuera así, Kirchner podría haber estallado antes contra el gobernador o podría haberle hecho su recriminación a Scioli en la intimidad. Prefirió, en cambio, dar el paso que Scioli no quiso dar nunca: el que marcará una lejanía entre ellos, que le conviene mucho más al gobernador que al ex presidente.

La finitud del kirchnerismo comienza a dibujarse en el mapeo electoral. La Capital es un partido que se juega entre otros. Santa Fe se la disputan el antikirchnerista Carlos Reutemann o una alianza de radicales y socialistas. En Córdoba, Kirchner tanteó, con suerte al principio, al ex gobernador José Manuel de la Sota. De la Sota quiere volver a ser gobernador y su último mensaje fue tajante: "No puedo hablar bien de Kirchner en Córdoba si quiero ganar una elección". De la Sota está lejos todavía de ganar una elección, pero lo dejó a Kirchner sin el derecho a una ilusión. Buenos Aires se le desgaja. La adhesión de los intendentes a Scioli parece más un pretexto que otra cosa. Ya se estaban yendo antes del kirchnerismo.

Kirchner aceptaba ese destino entre confusos mutismos, pero en el acto saltaba con la predisposición de un alucinado dispuesto a torcer el destino. Su salud no estaba bien. Siempre lo acompañó cierta debilidad de su cuerpo enorme. Rebelde por razones que la psicología podría explicar mejor que la política, nunca permitió que el protocolo lo cuidara ni que los médicos lo curaran. Tomaba café cortado con una gota de leche y dosis frecuentes de cafiaspirina, después de haber padecido una peligrosa hemorragia gástrica.

Cumplir el rito

Cumplía con el rito de correr en una cinta, pero lo hacía mientras se enojaba con los ministros, a los que maltrataba a los gritos por teléfono, agitado. Aporreaba una pelota mientras jugaba al fútbol, pero paraba el partido para dar una orden o recibir una información. La salud le puso ya varios límites a un hombre célebre por no respetar ningún límite que lo condicionara. En la noche ingrata del sábado, la inmanejable salud le advirtió que ella es más poderosa que él. ¿Acatará esta vez? ¿Se puede cambiar el talante y la impronta cuando ya se han cumplido los 60 años?

Es cierto que el permanente estrés de los políticos, sobre todo de los que gobiernan, es una puerta abierta a los peligros del cuerpo. Pero Kirchner tiene una carga adicional de estrés. Durante su mandato y ahora está pendiente del precio del millón de BTU de gas que le paga la Argentina a Bolivia comparado con el de Brasil. Es capaz de confrontar el salario de los maestros de Jujuy con los de Chubut. Acostumbra a cambiarle al ministro Julio De Vido el trazado de rutas, el serpenteo de caminos o la instalación de puentes sobre río recónditos. ¿Quién gobierna cuando él o Cristina, más él que Cristina, no están o la salud les juega un mal trance?

Kirchner también hace el recuento de diputados y de senadores con el arte de un baqueano legislativo que nunca fue. Tiene la precisa información de las debilidades humanas para coptar, promover cambios o, eventualmente, para comprar. Desayuna, almuerza y come inmerso en medio de una densa nube de noticias, seguidas de interminables inferencias.

Hay encuestadores que hablan con Kirchner con sinceridad, aunque corren el riesgo de estrepitosos retos. Algunos amigos de Kirchner, pocos, suelen aconsejarle que no se pelee con los encuestadores ni con el secretario de Hacienda. Unos le dicen cuánta gente tiene y el otro le informa con cuánta plata cuenta. Kirchner no les hace caso.

Sin embargo, esos encuestadores sinceros le contaron en los últimos tiempos que su situación de disfavor podría ser inmodificable. Se lo dijeron así o le llevaron números como para que él hiciera esa deducción. No importa la forma. Al mismo tiempo, comenzó la sublevación del conurbano bonaerense, explícita o soterrada. Tampoco importa cómo es. Lo que importa es que Kirchner venía olfateando el desamparo en un distrito, el de Buenos Aires, del que se hizo ciudadano y caudillo. Política débil, entonces. En ese instante inconveniente sucedió el tercer episodio grave, conocido al menos, en su físico frágil. Salud enfermiza, también. El peronismo siempre aspirará a destinos más luminosos de poder que los que presagian esos quebrantos políticos y corporales.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1304205

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Carlos Pagni
El análisis

Se trata a sí mismo como a los demás

Carlos Pagni
LA NACION

Lunes 13 de setiembre de 2010 | Publicado en edición impresa 
Se trata a sí mismo  como a los demás

El ministro De Vido deja la clínica tras visitar a Kirchner. Foto LA NACION   /   Emiliano Lasalvia

La escena pública entró, desde anteanoche, en un proceso incierto de reconfiguración. Hasta ese momento, su organización era esquemática, en dos campos divididos a favor o en contra de un líder fuerte, que convocaba a diario a batallas enardecidas. De repente la biología introdujo una duda en ese orden. Desde un quirófano, la sociedad fue avisada de que ese jefe temible, el "león feroz" que aparecía en los sondeos cualitativos de opinión, era, en realidad, un cuerpo enfermo, un hombre débil. En un instante, el significado central del juego perdió su consistencia y comenzaron a multiplicarse las incógnitas. Nadie sabe, en el Gobierno o fuera de él, si aquel espacio bipolar adquirirá otro diseño a partir de este acontecimiento. Nadie sabe cómo será la política si se atenúa el factor Kirchner.

Hasta el nuevo percance cardíaco, la opinión pública estaba entretenida con el problema de cómo Kirchner trata a los demás. A daniel Scioli, a la prensa, a su esposa, a la oposición, a las empresas. A partir de ahora, hay una cuestión más determinante: cómo se trata a sí mismo.

El diagnóstico de la segunda obstrucción arterial que llevó al ex presidente a una intervención se fue agravando en la madrugada de ayer. Primero se pensó en un infarto corriente; sin embargo, algunas fuentes del entorno presidencial dejaron trascender que los médicos podrían haber detectado una afección en el haz de His, que es el centro que transmite los impulsos nerviosos de las aurículas a los ventrículos. De confirmarse esta novedad, tal vez el tiempo aconsejaría la colocación de un marcapasos. La proximidad de este episodio con el del verano hizo pensar a algunos cardiólogos en un deterioro delicado del sistema arterial. Se supone que, hace siete meses, las arterias que esta vez se obturaron fueron revisadas y no presentaban síntomas preocupantes.

La fragilidad física de Kirchner se agrega a una colección de dificultades objetivas que ya era muy extensa. Para restablecerse deberá modificar sus rutinas, guardar estricto reposo, consumir medicación, bajar de peso. Tendrá que encarar la tarea que evitó en febrero: reinventarse. Hacer consigo mismo lo que tantas veces le pidieron que hiciera con su gobierno. ¿Podrá? La respuesta a este interrogante encierra varias claves del futuro.

Oscar Parrilli intentó trivializar, en la puerta del sanatorio, lo que estaba ocurriendo adentro hablando de Las Leonas o de Racing. Esa estrategia se modificó ayer, con la suspensión de las visitas y las declaraciones.

A pesar de esos esfuerzos por sacar el problema de la TV, el kirchnerismo deberá replantearse los términos de la transición hacia el próximo relevo presidencial. Un percance que sería grave en cualquier caso es más inquietante para un esquema de poder que concentra decisiones y tensiones en una sola voluntad, en un solo cuerpo.

La recaída

Para los profesionales, la recaída del ex presidente se debe al deterioro general de sus arterias, pero también a los desarreglos que cometió después de la operación de carótida. No había pasado una semana de aquella intervención y ya estaba recibiendo a funcionarios, trenzándose en discusiones con dirigentes políticos, participando como orador en actos públicos. Veinte días más tarde, los fotógrafos lo registraron en Montevideo, al rayo del sol, cubriéndose con una mano la cicatriz del cuello, durante la interminable ceremonia de asunción de José Mujica. Quienes describen a Kirchner como alguien cruel y despiadado deberán admitir ahora que él es una víctima más, sino la principal, de sus malos tratos.

Para una lectura superficial, lo que ocurrió anteanoche fue una irrupción ciega de la naturaleza en el curso de la historia. Pero, si se observa bien, el infarto de Kirchner no es tan accidental. Es uno de esos episodios en los que la biología es, al mismo tiempo, política. En su libro de memorias, Henry Kissinger observa que "los historiadores rara vez hacen justicia al estrés psicológico que aqueja a los estadistas. Lo único que tienen disponible son los documentos, pero ningún documento puede revelar el impacto acumulado de los accidentes, los intangibles, los miedos y las vacilaciones". Después agrega: "A veces estallan los nervios de las figuras públicas. Incapaces de aceptar los hechos, intentan forzar el paso y pierden el equilibrio". La enfermedad de Kirchner no está desconectada de su estilo de liderazgo. Es el rasgo más dramático, por lo inflexible, de un modo de ejercer el poder.

En la intimidad de Olivos, las horas previas al infarto habían sido febriles. El viernes a la noche se realizó el asado semanal al que concurre el círculo más allegado al matrimonio. Esa noche Cristina Kirchner protagonizó una especie de catarsis. Se quejó de muchas contrariedades, lamentó que sus ministros -sobre todo Fernández y Randazzo- ventilaran sus controversias por los medios y amenazó, un poco exaltada, con realizar cambios en la administración. Kirchner la observaba apretando las mandíbulas. El aire se había puesto denso.

Si se repasa la agenda de esta semana, se comprenderá el desasosiego de Kirchner y su esposa. Mañana vence la conciliación obligatoria en el conflicto de los camioneros con la empresa Siderar, del Grupo Techint, y los Moyano, Hugo y Pablo, prometen volver a bloquear la producción de acero, con la probable reacción en cadena de la industria automotriz y de electrodomésticos.

En los tribunales preveían -al menos hasta ayer- que mañana la Corte Suprema podría rechazar el recurso del Gobierno para reclamar que se deje sin efecto la medida cautelar que protegió al Grupo Clarín de la cláusula de desmonopolización de la ley de servicios audiovisuales. Pasado mañana, además, los jueces elegirán a sus representantes en el Consejo de la Magistratura, y todo indica que se impondrá la lista de Ricardo Recondo, el presidente de la Asociación de Magistrados, un crítico severo de la política judicial del kirchnerismo. Es otro paso hacia el desenlace anunciado: en diciembre la Casa Rosada puede perder el control del Consejo.

Estas dificultades y conflictos quedaron instalados, desde el jueves pasado, en el marco de la crisis que afecta al PJ bonaerense, la viga maestra del kirchnerismo. El entredicho de Kirchner con Daniel Scioli es la consecuencia de una amenaza que, para el Gobierno, es mucho más inquietante que la inseguridad: la posibilidad de que el año que viene una derrota lo desaloje del poder. Hasta los encuestadores oficialistas informan a sus clientes preferidos que Scioli tiene una intención de voto del 36%, diez puntos por encima que la de Kirchner. Esta es la razón por la cual el esposo de la Presidenta quedó envuelto en llamas con la versión de un encuentro entre el gobernador y Eduardo Duhalde.

Es una intriga irrelevante. Lo decisivo es que se ha resquebrajado la base territorial sobre la que se asientan los Kirchner. El ex presidente no calculó que, a partir de la caída electoral del año pasado, una nueva humillación del gobernador podía desnudar la sorda rebelión que se gestaba entre los caudillejos del conurbano. Son ellos, no Scioli, el verdadero problema. Son ellos, antes que Scioli, los que se pusieron en fuga. Los motivos son evidentes: en el año 2005 Kirchner les impuso a su esposa; en 2007, a Scioli; después, a los piqueteros; ahora, a Hugo Moyano. Eran agresiones tolerables cuando el verdugo los llevaba a la victoria. Pero ahora la mortificación llega después de la derrota y, acaso, conduce a la derrota.

Es posible que no hiciera falta un infarto para que un sector crucial del peronismo girara la cabeza hacia otro candidato para el año 2011. Pero desde que Kirchner ingresó en Los Arcos todo el PJ especula con ese movimiento. La figura de Scioli se resignificó. Y habrá que ver cómo procesa Carlos Reutemann los hechos de anteanoche. ¿Cómo funcionará la oposición si la medicina obliga a Kirchner a desistir de su candidatura?

Hay quienes prefieren ver lo sucedido como una intervención del azar en la política. Sin embargo, para muchos protagonistas de esta trama, la enfermedad vino a cubrir la crisis oficial con una excusa elegante, capaz de disimular el abandono y la traición. En otras palabras: no se puede descartar que la biología no haya irrumpido para modificar el curso de la historia, sino sólo para precipitar lo que ya estaba escrito.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1304138

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Acerca de Arturo Jauretche

“Nada grande se puede hacer con la tristeza. Desde la ciencia al deporte, desde la creación de la riqueza a la moral patriótica, el tono está dado por el optimismo o por el pesimismo. Nos quieren tristes para que nos sintamos vencidos y los pueblos deprimidos no vencen ni en la cancha de fútbol, ni en el laboratorio, ni en el ejemplo moral, ni en las disputas económicas… Por eso, venimos a combatir alegremente. Seguros de nuestro destino y sabiéndonos vencedores, a corto o a largo plazo”. Ver todas las entradas de Arturo Jauretche

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