Mail del Presidente – José Pablo Feinmann


Fuente: http://sur.elargentino.com/notas/mail-del-presidente

Año 3. Edición número 151. Domingo 10 de abril de 2011

Anticipo. Un capítulo del libro El flaco, trabajo donde José Pablo Feinmann volcó sus diálogos con Néstor Kirchner desde 2003 hasta 2006 Un día de junio de 2006 llaman de la Presidencia de la Nación. Una secretaria. Verifica mi mail.
–Sí, es ése.
–Bueno, licenciado: va a recibir un mail del Presidente.
Al rato fui a mi compu. Abrí el mail y ahí estaba. Decía: Mail del Presidente. Y es el que sigue:

Estimado José Pablo:
Hay veces que me decepcionás y otras que no. Los dos tenemos una historia anterior. Cada uno de nosotros sabe cuál es.
Cuando decís que no hemos resuelto la exclusión social sos injusto y cómodo a la vez.
Hemos bajado casi 30 puntos la pobreza, hemos llevado la indigencia a menos de la mitad y la desocupación ha bajado entre 12 y 14 puntos. Se redujo considerablemente la mortalidad infantil y la deserción escolar.
Triplicamos la jubilación mínima dando ocho aumentos y, por primera vez después de catorce años, otorgamos una suba general para todos los jubilados. Así achicamos la brecha entre los más ricos y los más pobres.
Aumentó el ingreso per cápita y el salario mínimo, vital y móvil se triplicó luego de diez años de estar estancado en la misma cifra.
Hacía cien años que Argentina no tenía una expansión de su economía como la que está viviendo.
No sé si pensar que tus declaraciones son el producto de una noche de insomnio o es esa tendencia de algunos que se dibujan intelectuales y se creen superiores, diferentes a los demás y hasta más inteligentes que el común de los mortales. Pero, y discúlpame que recurra a una frase peronista, la única verdad es la realidad.
En tus opiniones también menospreciás la victoria del pueblo de la provincia de Buenos Aires sobre el aparato duhaldista y confundís el voto popular con movimientos de aparatos.
Cuando te quejás de la CGT no podés reconocer que, nos guste o no, son ellos los que hoy representan a los trabajadores.
También caés en el reduccionismo político de equiparar a la CGT con Barrionuevo. Sería como equiparar a los empresarios con Martínez de Hoz.
Dentro del marco de esa realidad que nos toca vivir es que conseguimos una quita histórica de la deuda externa y cancelamos toda nuestra deuda con el Fondo, a pesar de lo cual, seguimos acumulando reservas. Esto, además, nos ha dado un nuevo marco de relacionamiento internacional y de autonomía en las decisiones.
José Pablo, yo no soy Mandrake el mago. Soy apenas un ser humano que asumió la Presidencia de la Nación con el menor porcentaje de votos de la historia argentina, 22 por ciento, y en el momento más difícil de nuestra historia reciente.
Acierto y me equivoco como cualquier ser humano. Vos sos una buena persona. No te voy a quitar méritos. A veces sos un intelectual brillante y otras veces opaco. Pero no olvides que también fuiste un militante político y como tal merecés un análisis más profundo y piadoso, pero siempre con los pies en la tierra.
Ser un intelectual no significa mostrarse diferente, tal como ser valiente no implica mirar a los demás desde la cima de la montaña.
Mi compromiso es el de siempre: gobernar, trabajar y administrar. Creo firmemente en mis convicciones y trato de llevarlas adelante con todas mis fuerzas, en el marco de la realidad que nos toca vivir. Los problemas de los argentinos no se resuelven a vendavales, sino gestionando todos los días.
Por eso creo que vos y yo no pensamos tan diferente, sino que tenés miedo. Miedo de que te confundan, porque creés que la individualidad te va a preservar. Pero no te olvides que pertenecemos a una generación que siempre creyó en las construcciones colectivas. La individualidad te pondrá en el firmamento, pero sólo la construcción colectiva nos reivindicará frente a la historia. Al fin y al cabo todos somos pasantes de la historia.
Por último, quiero decirte que no hay nada más lindo que comerse unos fideos con la vieja el domingo y por la tarde gritar un gol de Racing, por lo menos, para este humilde argentino.
Atentamente,
Néstor Kirchner
Durante esos días Veintitrés nos había puesto a Sarlo y a mí en tapa. El motivo: “Dos miradas antagónicas sobre la realidad argentina por el hombre y la mujer más respetados del mundo intelectual”. La foto de Sarlo a la izquierda. La mía a la derecha. Se equivocaron.
Creo que yo dije algunas cosas que debí haber moderado en ese reportaje. Pero estaba muy enojado con la cuestión de la pobreza. En varias notas ya había pedido la distribución y una abierta, decidida lucha nacional contra el hambre. Cuando leí que el Gobierno tenía 40 mil millones de pesos en caja fue que declaré en Veintitrés: “Hay cosas que me duelen de Kirchner que la derecha no dice, porque a la derecha le importan un rábano, para hablar con palabras suaves. Me duelen la distribución del ingreso y la pobreza en la Argentina. Y el verso del republicanismo, la hegemonía, el autoritarismo y el deterioro de las instituciones es un verso protogolpista. No tienen el putsch armado, porque no va a ir el amable personaje Morales Solá a embestir contra la Casa de Gobierno luego de escribir: Jamás fue tan grande el deterioro institucional en la Argentina. Después de escribir eso, las consecuencias, ¿cuáles son? Lo que a mí me importa reprocharle a Kirchner es, por ejemplo, su condición actual de Tío Patilludo. Que tiene 40 mil millones de pesos en caja y que hay cientos de chicos que se mueren de hambre en las calles de Buenos Aires”. Pero con lo del campo mi visión cambió. Cristina les quiso tomar un 3% para distribuir y hubo un serio intento de golpe de Estado con respaldo popular y mediático. Cobos ya sabemos qué clase de tipo es y por qué dijo esa noche lo que dijo. Pero conjeturo a veces que si votaba a favor había un levantamiento. Observen lo que dice la frase de Morales Solá. O el tipo estaba loco o se estaba preparando un clima de golpe desde hacía rato.
Lo de los tallarines es una frase de Lorenzo Miguel: “El peronismo es comer tallarines los domingos con la vieja”. Analicé esta frase en distintos medios. ¿Qué es el peronismo? 1) La mesa familiar; 2) La Vieja; 3) El santo día domingo. La Iglesia; 4) La familia unita. Todos reunidos para comer los tallarines. Ése no es el peronismo que Néstor soñó en los setenta. Es el peronismo de un facho como fue Lorenzo Miguel que ahogó con sus huestes a los huelguistas de Villa Constitución a comienzos de 1975. Con los suyos y con la Triple A. Pero esto es secundario. Del peronismo se puede dar cualquier definición. La que da Soriano (y, ¿quién si no Favio?, coloca de acápite de su film Gatica, el Mono): “Si yo nunca me metí en política, siempre fui peronista”.
La carta la juzgarán los lectores. Pero –según me dijo mi gran amigo Juan Manuel Abal Medina (hijo)– es de Néstor, sin duda. Y es asombroso que un Presidente de la República les quite tanto tiempo a sus infinitas tareas para sentarse a escribir un texto complejo.
No estoy satisfecho con mi respuesta. La escribí de apuro. O no estaba inspirado. Qué sé yo. Pero aquí está:
Estimado Néstor:
Creo que la mayoría de tus señalamientos se basan en la nota de Veintitrés. Pongamos que es cierto algo que decís: a veces soy brillante, a veces soy opaco; como todos, supongo. Pongamos, entonces, que estuve opaco en esa nota. Pero aclaremos cómo fue hecha: se levantó de un programa de televisión al que concurrí (el de Zloto y Tenembaum). Luego me llamó este último y me dijo que Veintitrés quería publicarlo y que publicarían también mi nota sobre Elsa Oesterheld en el palco del 25. No bien vi ese material tomé una decisión definitiva: jamás voy a aceptar otra vez una nota en un semanario argentino. Tampoco en radio. Ni televisión. Nada. Nada –al menos– de notas políticas. Ellos, siempre, presentan el material de un modo en que te hacen decir lo que ellos quieren. (Nota: Esto no fue así. Continué aceptando notas. Pero cada vez hubo y hay menos lugares confiables donde hacerlas. Además, al contar con un diario no tengo gran necesidad de notas.)
Yo no soy un individualista. Soy –con algunos otros; con Osvaldo Bayer, sin duda– el más comprometido y jugado de los intelectuales de este país. La mayoría son cobardes que cuidan sus becas del Conicet o ganan la Gugenheim. Asumo, desde siempre, la figura del intelectual sartreano. Estoy, además, encuadrado. Pertenezco a los cuadros periodísticos de Página/12. Y me honra que eso sea así. Escribo en Página desde hace dieciséis años. Tuve muchas ofertas para emigrar a órganos de la derecha. A La Nación, desde luego, o a Clarín. Tipos como Tomás Eloy Martínez se fueron de Página a La Nación. Yo no pienso moverme de Página mientras el diario exista. El mismo día de tu carta cenaba con Hugo Soriani. Sólo a él le comenté la cuestión para no sentirme tan solo y porque confío en su juicio político y humano.
A veces me invitan a dar una conferencia para gente de La Nación (diario que compro y casi no tolero leer: no leo, por ejemplo, esa basura de “la foto que habla”) y voy y vienen a escucharme quinientas personas y doscientas se quedan afuera. Y modera Nelson Castro. Y yo les digo que creo en tu gobierno. Ahora bien, si ahí yo me convierto en un defensor total de tu gestión… no me creen. Me dicen “kirchnerista”. Entonces hago lo siguiente: le pido a tu gestión lo que ellos jamás te pedirían: distribución del ingreso, plan nacional de alfabetización, lucha frontal contra el hambre. Lo mismo hago en mis notas. Querido Néstor: yo no puedo escribir para el público de Página solamente: esos lectores ya están convencidos. Tengo que volverme “creíble” para que la derecha me escuche. Esto lo logro de dos modos: o por prestigio o por exhibir mi independencia de criterio. Aquí, conjeturo, es donde se producen algunas asperezas con vos. Pero si yo soy visualizado como un “kirchnerista”, pierdo credibilidad. No sirvo para nada. No “te” sirvo para nada. A veces tengo que criticarte para meter lo esencial que quiero decir. Que siempre es a favor tuyo. De tu gobierno. Si esta metodología es equivocada la voy a revisar, pero es la misma que utiliza Página que, como yo, pierde credibilidad cuando los tantos cretinos que hay en esta tierra la llaman el Boletín Oficial.
Mi nota sobre Elsa Oesterheld fue una exaltación de tu palco. La nota decía (aunque no lo haya dicho textualmente): “Vean, este Presidente dijo su discurso con El Eternauta en el palco”. Cosa que –luego, en otros contextos– dije ampliamente. ¿Por qué te basás sólo en la nota manipulada de Veintitrés? Para la apertura de la Feria del Libro, por ejemplo, Elvio Vitali, de parte del querido Carlos Zanini, me pidió una parte del discurso: la de la relación del Presidente con los intelectuales. Y yo la escribí. ¿La habría escrito si no te apoyara? ¿Escribiría yo un discurso para cualquier político argentino que no fueras vos? ¡Qué lástima que no me oíste la noche del lunes en el programa de nuestra común amiga Hebe! Prepárese, querido Presidente: con Hebe tenemos planeado pedirte una audiencia para peticionar por la intensificación de la lucha contra el hambre. En serio, eso arreglamos en el programa de ella. Haber hecho de Hebe lo que Hebe es hoy no es el menor de tus méritos.
En cuanto a que sea el pueblo de la Provincia de Buenos Aires el que venció a Duhalde me gustaría hablarlo personalmente. Ante todo, porque me encantaría tomar un café con vos.
Me conmovió que me dijeras que tengo “miedo”. Qué sé yo, puede ser. Porque siempre me cuestiono por qué Pepe Nun y Horacio González agarraron cargos y yo me escabullí por la tangente. Les admiro ese riesgo. A mí me ofrecieron la Biblioteca antes que a Horacio y dije que no. Ocurre algo sencillo: ése es mi estilo de vida. No puedo vivir sin escribir. Pero no me escondo en la Torre de Marfil. Acaso –insisto en esto– tenga que revisar algunas estrategias que uso para referirme a tu Gobierno. Pero sólo eso. El día 25 –al verla a Elsa en el Palco– estuve feliz y estuve orgulloso de mi presidente. Y sé que vas a meterte con todo en la distribución y en la lucha contra el hambre. “Con todo” significa más allá de lo tolerable para los poderosos. Ese día la derecha va a apretar tanto que lo de ahora va a parecer cosa de niños. Yo te aseguro que en esa encrucijada (con mis compañeros de Página, con Hebe y espero que con muchos más) voy a estar claramente a tu lado.
Con el cariño y la amistad de siempre,
José Pablo Feinmann
Dejamos de vernos. Antes –no recuerdo la fecha– fui todavía a una cena íntima en la Quinta de Olivos. Estaban Pepe y el querido Carlos Zanini, un tipo de una simpatía y una inteligencia arrolladoras. En el viaje a Venezuela le gastaba una broma a Pepe. Si aparecía Zanini lo agarraba del brazo y se lo exhibía.
–Mirá, Pepe. Ya que vos nunca fuiste peronista es hora de que conozcas a un auténtico negro peronista.
Zanini reventaba de la risa. ¡Y había sido maoísta! Pero tiene esa facha de “morocho sudamericano” entrañable. Lo quiero mucho. En esa cena habló bastante. De pronto, miro mi reloj y son las 0.5 del nuevo día.
–¿Saben algo? –digo–. Acabo de cumplir años.
Era 29 de marzo.
Cristina no dijo una palabra. Se levantó, salió del comedor y volvió con dos mozos y dos botellas de champán. Qué buen gesto. Todos brindaron por mi cumpleaños. Y recuerdo muy especialmente la cara de Néstor. Alzaba mucho su copa y me miraba a los ojos y sonreía satisfecho. Esa imagen queda en mí.
La última vez que nos vimos (ya después de la “separación”) fue en una cena por el lanzamiento de la candidatura de Cristina. Estaba medio país. Hasta Morales Solá. Los de La Nación me dijeron que tenían un bloque progresista en el diario, aparte de todo lo demás. Especialmente fuera del área de influencia de Escribano. Que cuando quisiera escribir ahí tenía las puertas abiertas. Después de la “125” todo eso murió.
La cosa termina y se apagan muchas luces. Bajamos una escalera larga un montón de personas que no nos vemos muy bien. De pronto, al lado mío está Néstor.
–Presidente, tanto tiempo. ¿Cómo estás?
Me vio y dijo:
–¡Uy! ¿Qué hacés? Che, Cristina, mirá quién está.
Cristina –que estaba un escalón más abajo– me vio y con esa voz clara y con esa dicción perfecta, dice:
–¿Qué tal José Pablo, cómo te va?
Nos dimos un beso y seguimos hasta abajo charlando. Ahí nos despedimos. Y entonces sí: no lo vi más.

El Flaco. Diálogos irreverentes con Néstor Kirchner
Autor: José Pablo Feinmann
Editorial: Planeta

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Acerca de Arturo Jauretche

“Nada grande se puede hacer con la tristeza. Desde la ciencia al deporte, desde la creación de la riqueza a la moral patriótica, el tono está dado por el optimismo o por el pesimismo. Nos quieren tristes para que nos sintamos vencidos y los pueblos deprimidos no vencen ni en la cancha de fútbol, ni en el laboratorio, ni en el ejemplo moral, ni en las disputas económicas… Por eso, venimos a combatir alegremente. Seguros de nuestro destino y sabiéndonos vencedores, a corto o a largo plazo”. Ver todas las entradas de Arturo Jauretche

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