Barragan vs Lanata


Fuente: http://www.diarioregistrado.com/sociedad/54024-como-usar-al-pobre-lanata.html

Cómo usar al pobre Lanata


Carlos Barragan

De cómo este nuevo Lanata pobre y marginal es utilizado por los grandes medios para tirar cohetes baratos contra el gobierno.

Gusano, rata y cerdo

Escribe Jorge Lanata en su columna del diario Libre sobre el regreso de la revista La Maga: “Esta Maga nace en tiempos confusos, cuando el propio oficio de periodista está en cuestión y parece haber perdido su razón de ser en la democracia”, escribe Carlos Ares, director de la revista. “Noticias de cultura”, dice el acápite de la publicación: imperdibles entrevistas con Tomás Abraham y Jorge Fernández Díaz, previsibles respuestas de Juan Sasturain y las confesiones de un gusano: Orlando Barone hablando del periodismo. Maga, bienvenida al mundo: la inteligencia es un bien escaso”.

Es por lo menos asombroso que Lanata siga siendo convocado por el periodismo independiente como un ejemplo de cordura y periodismo serio y comprometido. Lo llaman Tenembaum y Zlotogwiazda, Morales Solá, lo cita Fernández Díaz de La Nación, lo llaman María Laura y Santo, sale en la casita de Bonelli y Alfano, siempre en calidad excepcional, de figura notable del periodismo argentino. Sí, este Lanata que hoy le dice gusano a Barone, un insulto que todos ellos dejarán pasar. Como dejaron pasar otros insultos dedicados a quienes hacemos 678. El periodista fundador de Página12 y fundidor de Crítica nos dice “ratas, pelotudos, mercenarios, los cagaría a trompadas, cerdos, chorros, boludos, etc”. Como califica -sin mayor hombría- de chicas simpáticas, pero cínicas, chantas y empleadas del gobierno a Florencia Saintout y a María Pía López, al día siguiente de conversar con ellas respetuosamente. Respeto que ahora sabemos era una impostura.

La miseria y la limosna

Que Lanata insulte y desprecie es lógico. El hombre se ha quedado pobre de argumentos, pobre de ideas, pobre de rumbo, pobre de ingenio, pobre de toda pobreza. Hasta el pequeño lugar que le depararon los medios gráficos es pobre: una columnita de pocos caracteres en un diario cuyas tapas son porros, culos, casos policiales, los kilos de más de un ministro, o la última agarrada de los pelos entre chicas de la farándula. Ahí Lanata recaló con su pobreza. En esa limosna que Fontevecchia debe gozar al donársela todos los días a este Lanata que fue una gran empresa de sí mismo. Entonces, ahí está el penoso Lanata que pasó de príncipe a mendigo reclamando para sí su dignidad perdida, una dignidad que sus colegas periodistas independientes no se esfuerzan en restaurarle cabalmente. Apenas lo convocan como se convoca a esos niños prodigio que de adultos resultaron tan mediocres como un niño mediocre cuando se pone grande. Lo llevan a los programas hoy exitosos como a alguien que en algún momento perteneció al periodismo exitoso, a un ex, a un Lanata que hoy trabaja de ser ex-Lanata desde su marginalidad resentida.

A Lanata lo usan los periodistas independientes que siguen ocupando lugares de peso. Lo usan porque desde su intemperie profesional él es capaz de lo que ellos no se atreven: expresar el odio rancio por quienes ponemos en discusión el lugar que ellos todavía ocupan. Como Lanata ya no tiene ese lugar para sí, es capaz de expresar lo que todos ellos piensan sobre nosotros. “Ratas, pelotudos, ladrones, los cagaría a trompadas, gusanos, boludos, mercenarios, cerdos, etc.” Por eso no lo corrigen, ni siquiera piden poner un paréntesis para los insultos de Lanata. Los dejan pasar, como si esos insultos fuesen –y los son- un sobreentendido entre ellos. (Magdalena, que es una señora educada, nos dice “esbirros”.) Pero nada de esto, ni por asomo, se toma como un exceso, una injuria, una agresión, una afrenta violenta.

Que venga el loquito

El loco Lanata, el enajenado, el que es ajeno, el que está afuera, cumple hoy con un rol importante para los periodistas que quizá menos ambiciosos o audaces que él lograron retener sus espacios en el universo mediático. “Que venga el loco” deben pensar cada vez que lo llaman para que Lanata diga sus barbaridades: “todavía no mataron a los redactores” acusó al gobierno en el caso del bloqueo a Clarín. O “yo estoy del lado del más débil que es Clarín” al analizar un discurso presidencial que no había escuchado. Y otras ocurrencias dignas de una Carrió que sufre el mismo manoseo por parte del partido antikirchnerista. Ella que al igual que Lanata quedó afuera de los espacios de poder es usada para tirar alguna pirotecnia vulgar, brutal, y bizarra que luego será tamizada y utilizada en alguna versión un poco más potable. Lanata y Carrió aportan sus conceptos torpes y guarangos que después serán adecentados para la venta y el consumo masivos de operaciones mediáticas una vez removida la agresión soez, o la sustancia mística.

Pluralismo con Hitler

Mientras tanto quienes usan al pobre Lanata insisten en reclamar debates, consensos, republicanismo y ya que están: amor. Por supuesto que luego festejarán con un “Sa! Sa! Sarlo!” la supuesta victoria de la intelectualidad pura por sobre la mierda oficialista. Y piden diálogo y pluralismo mientras comparan al gobierno y sus simpatizantes con Hitler, Goebbels, Ceauscescu, nos gritan fascistas, autoritarios y antidemocráticos. Y expresan un estratégico temor a que los asesinen, los metan presos, o les cierren sus canales de expresión. Todo esto desde las radios, canales y diarios más potentes y ricos del país.

Porque como cita Lanata a Carlos Ares “Esta Maga nace en tiempos confusos, cuando el propio oficio de periodista está en cuestión y parece haber perdido su razón de ser en la democracia”. Una frase que Lanata no comprende, y que al parecer no lo hace reflexionar ni un segundo en su propia razón de ser. Quizá porque su ser ya fue, y ahora sólo es su máscara: un gordito gritón que perdió el rumbo en estos tiempos confusos.

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Fuente: http://www.perfil.com/contenidos/2011/10/19/noticia_0014.html

En Argentina todo da lo mismo

Jorge Lanata

Todo da lo mismo, ese ha sido el mayor éxito de la batalla cultural del Gobierno: distorsionar el “relato” al punto de que todo dé lo mismo. Un gobernador filomenemista, cavallista y duhaldista tardío es ahora “Él”, huésped de un mausoleo de próxima inauguración similar a la pirámide de Keops.

Propaganda. Ricardo Jaime, Julio De Vido, Felisa Miceli, Sergio Schoklender y Guillermo Moreno son blancas palomitas del campo popular, acosadas por operaciones monopólicas de la prensa. Quien se aparte una línea del trazo oficial es denostado por el aparato de propaganda conformado, en general, por kirchneristas tardíos, camporistas recién nacidos o lúmpenes en procura de un sueldito. Los enoja que se diga que apoyan al Gobierno por plata: siempre da la casualidad de que trabajan en Radio Nacional, Canal 7 o empresas “mixtas” de privados de dudoso origen (Gvirtz, Szpolski, Sokolowicz, Electroingeniería).

Para decirlo de otro modo: empleos en los que el dinero del pueblo vuelve al pueblo. La historia no es nueva: no son los primeros vendedores de humo que saben transformar la prensa oficial en fortunas privadas. Les pasó a las dictaduras de Onganía, Lanusse y Videla con Timerman y Grondona; le pasó a Alfonsín con El ciudadano, a Menem con el CEI, a De la Rúa con el Grupo Sushi. Yo mismo vi a Diego Gvirtz, en Día D, denunciar censura contra Carlos Ávila y luego trabajar con América, fustigando después a los K desde Canal 13 y a Canal 13 desde Canal 7, todo sin que jamás se le moviera un pelo (que no tiene).

La misma versatilidad de Szpolski para saltar del quebrado Banco Patricios a los brazos de “el Coti” Nosiglia y desde allí a los de Néstor. Pero, como dijimos, todo da lo mismo; cualquiera habla y acusa desde ningún lugar, porque el pasado no existe, y si existe, fue borrado convenientemente. Los propietarios de la memoria resultaron, paradoja, los más olvidadizos. Como lo hacen por dinero, sobreactúan: nadie llora más que Andrea del Boca en el velorio de Él, nadie defiende más los derechos humanos que los que consiguen su subsidio para su peliculita, su miniserie, su bolo. Cuando el aparato de propaganda tira una piedra desde la multitud, el que debe responder es aquel al que le pegó la piedra: el culpable de haber puesto la cabeza. ¿Desde dónde hablan los que acusan? Desde la infinita pureza ideológica que les da el poder: desde la impunidad total. Y, también, desde la ignorancia y la juventud de su audiencia, que muchas veces reacciona a favor de un discurso que parece contestatario aunque en verdad no lo sea.

Siempre me pregunto si vale la pena contestar. Mantengo conmigo mismo esa pelea desde hace años: ¿contestar? ¿A quién? ¿Para decirle qué? Esta vez, esa sensación del comienzo me hizo dudar: en Argentina todo da lo mismo. ¿Es realmente así? ¿Puede ser que cualquiera diga cualquier cosa? ¿Desde dónde hablan los que tiran la piedra?

Barragán. En un artículo publicado ayer por la página Diario Registrado (sostenida por fondos públicos), el libretista Carlos Barragán escribe Cómo usar al pobre Lanata. Allí afirma que el lugar que me depararon los medios gráficos es una pobre columnita de pocos caracteres en un diario que parece darle asco por lo popular. Le molesta, además, que yo haya calificado como “gusano” a uno de sus compañeros en 6,7,8: Orlando Barone.

Ver tanta seguridad en Barragán me hizo dudar de mí mismo, y preguntarme, a la vez, por la trayectoria de mi acusador: ¿quién era este empleado estatal que me destrataba con tanta soberbia? Por lo que pude averiguar, Barragán vive de varios empleos, todos de dinero público: es “panelista” de 6,7,8, colabora en Tinta Roja de Radio Nacional, es columnista de la revista oficial Miradas al Sur y del diario paraestatal El Argentino. Según él mismo ha dicho en entrevistas, fue “remisero, kiosquero y buscavidas”, y trabajó durante casi una década como libretista de radio en el Grupo Clarín. Hablando de la Corpo, el miércoles 17 de mayo de 2006, entrevistado por Silvina Lamazares en Clarín, Barragán no mencionó una palabra de los nietos ni de Papel Prensa, sino que suspiró: “La vida me compensó de una manera increíble”. Otro hito de su carrera profesional fue haber escrito una canción titulada Soy la mierda oficialista. ¿Y yo? ¿Yo, pobre de mí, como escribió Barragán?

Trayectoria. Lo que sigue es antipático pero, quizá, necesario en un país donde parece que todo da lo mismo: –En principio quería comentarle a Barragán que mi pobreza no alcanza, en este momento, solo al diario LIBRE; también escribo en el diario Perfil (donde, por ejemplo, entre otras notas denuncié que la ministra Miceli escondía en el baño una bolsa con dinero irregular), dirijo y escribo una miniserie para Infinito/ Turner de veinte capítulos titulada 26 personas para salvar al mundo, que se estrenará en noviembre en 18 países y formó parte de la tertulia de La ventana en la Cadena Ser. El año pasado conduje por Infinito/ CNN la miniserie BRIC, que ganó el Premio ACE de la Asociación de Críticos de Nueva York y el Pantalla de Cristal en México. BRIC estuvo ternada para el Martín Fierro 2010, al igual que Después de Todo para los premios de APTRA del 2009. Con producción de Patagonik dirigí el documental Deuda: quién le debe a quién, presentado en los festivales de Montevideo, Santiago de Chile, La Habana, Huelva y México y nominado como Mejor Guión y Mejor Documental 2004 para los premios Cóndor de Plata de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina. Filmé otros documentales: La grieta y Malvinas tan lejos, tan cerca para Editorial Perfil, y La ruta del Che en Bolivia para The History Channel. Entre otros reconocimientos locales, obtuve: 1994: Fundación Huésped y Broadcasting; 1996: Martín Fierro radio, televisión y labor periodística y Broadcasting; 1997: Konex por dirección periodística en la década, Martín Fierro por televisión, labor periodística, Broadcasting, Fund TV y TEA como uno de los Diez Periodistas de la Década; 1999: Martín Fierro por televisión y conductor, premio Rodolfo Walsh de la UNLP; 2000: Martín Fierro por programa periodístico y conducción; 2001: ídem año anterior; 2002: Martín Fierro conducción y Broadcasting; 2003: premio Clarín programa periodístico; 2004: Martín Fierro labor periodística, Ciudadano Ilustre de Mar del Plata; 2005: Martín Fierro en radio, Huésped de Honor de Córdoba; 2007: Konex a mejor labor televisiva en la década, Huésped Ilustre de Quito.

Dictadura. Afirma Barragán que fundé Página/12 (es así, a los 26 años) y “fundí Crítica” (no es así, me retiré del diario un año antes de su cierre). También fundé Veintiuno, Página/30, Ego, El Porteño Cooperativa, y escribí, entre novelas, cuentos, ensayos y unos 11 ó 12 libros. Nada de esto, claro, me exime de poder equivocarme. En la dictadura militar fui mozo de bar, chocolatinero, oficinista y no trabajé ni recibí prebendas, créditos ni subsidios de gobierno alguno. Le agradezco a Barragán el apelativo “pobrecito”, ya que quizás no me conocía hasta hoy pero, como verá, no me lo merezco. Me hago cargo de cada palabra que digo, y no creo que todo dé lo mismo. Me pregunto, entonces, desde dónde habla él.

Y sí, quise decir que Barone es un gusano. Porque reconozco.

(*) Columna publicada en Diario Libre.

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Acerca de Arturo Jauretche

“Nada grande se puede hacer con la tristeza. Desde la ciencia al deporte, desde la creación de la riqueza a la moral patriótica, el tono está dado por el optimismo o por el pesimismo. Nos quieren tristes para que nos sintamos vencidos y los pueblos deprimidos no vencen ni en la cancha de fútbol, ni en el laboratorio, ni en el ejemplo moral, ni en las disputas económicas… Por eso, venimos a combatir alegremente. Seguros de nuestro destino y sabiéndonos vencedores, a corto o a largo plazo”. Ver todas las entradas de Arturo Jauretche

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