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Ni tanto ni tan poco – Horacio Verbitsky

Por Horacio Verbitsky*

Un colaborador suyo me preguntó si estaría dispuesto a atender a quien yo había llamado vocero de Repsol por su oposición a las retenciones a la comercialización de hidrocarburos. ¿Cómo podría negarme a hablar con el presidente electo? Media hora después me llamó desde Santa Cruz, donde armaba su gabinete. Conocía el trabajo del CELS sobre Fuerzas Armadas y democracia y quería nuestra opinión sobre la cúpula militar que lo acompañaría. Le dije que había una cuestión previa. El senador Eduardo Duhalde, a cargo en forma interina del Poder Ejecutivo, negociaba con el jefe del Ejército, Ricardo Brinzoni, a quien el CELS había denunciado por su participación en la masacre de Margarita Belén, con el presidente de la Corte Suprema Julio Nazareno y con el obispo castrense, Antonio Baseotto. La liberación del casi centenar de altos mandos que estaban detenidos al comenzar aquel año 2003 era uno de los puntos del pliego de condiciones que el diario La Nación le había presentando a Kirchner el 5 de mayo, durante un desayuno que su embajador en Buenos Aires, Alberto Fernández, concertó con el hombre fuerte del diario, Claudio Escribano. El plan canje de impunidades recíprocas contó con el aliento de Rafael Bielsa, a quien La Nación llamó “eventual ministro de Justicia de Kirchner”. Bielsa le dijo al diario de Escribano que si los juicios continuaban serían citados 1800 militares de alto rango, entre ellos 300 en actividad. (“Señales de tranquilidad entre Kirchner y la Corte Suprema”, La Nación, 10 de mayo de 2003). Ese cálculo falso, pensado para intimidar al nuevo gobierno, se lo había transmitido Brinzoni, según reconoció Bielsa. Kirchner respondió en forma categórica:

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Hombre de la Plaza Rosada (Reportaje a Nestor Kirchner) – Horacio Verbitsky

 
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Domingo, 10 de enero de 2010
Reportaje exhaustivo: pasado, presente y futuro

Hombre de la Plaza Rosada

Kirchner habla de todo y de todos. Las lecciones de la derrota bonaerense, Cobos y Redrado, el Indec, la oposición desestabilizadora, su patrimonio, Clarín y Telecom. El alejamiento de Ocaña y Saín. Crecimiento del 0,5 por ciento en 2009. ¿Bastan el PJ y la CGT para desafiar a tantos enemigos tan poderosos? Las asignaturas pendientes de su gobierno que Cristina está rindiendo. Proyectos para profundizar el modelo en 2010 y alianzas para sustentarlos. Inclusión, petróleo y matrimonio gay.

Por Horacio Verbitsky
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Cuando le pido que identifique los tres mayores aciertos de su presidencia, sonríe. “El principal fue animarme a abrir la puerta del despacho para entrar”, dice. Se recuerda como un presidente muy débil, en medio de una situación política, económica e institucional de “ingobernabilidad absoluta”. Ni siquiera la dirigencia política que lo apoyaba coincidía con su idea sobre el país. “Abrí una ventana. La Plaza de Mayo estaba llena. Fue la más triste que vi en mi vida, porque allí había un pueblo que demandaba trabajo, atención, que la Casa Rosada se diera vuelta y dejara de mirarlos con la nuca.” A veces las palabras no acuden cuando las precisa. Las ideas se le atropellan y la boca es un embudo muy estrecho, como el día en que habló de “un grito de aire fresco”. Su relación con sujeto, verbo y predicado no se inspira en la de Juan Perón. Le salen frases enrevesadas que a menudo quedan truncas, con los puntos suspensivos de una obra de Armando Discépolo, pero se hace entender mucho mejor que tanto pulcro abogado sentencioso. Dice que se acercó “a esa Plaza Rosada” y sintió que con el cargo había asumido todas las responsabilidades por la situación. “Tarea difícil la de ser presidente”.

Los pactos que no fueron

A los pocos días, un ministro le dijo que la Corte Suprema de Justicia se proponía redolarizar la economía si no se le brindaban “determinadas seguridades”. Por la noche lo consultó con Cristina y el Secretario Legal y Técnico Carlos Zannini. Vuelve a reír: “En aquel momento yo era el Chirolita de Cristina”. Cuando decidieron explicar a la sociedad que el gobierno no aceptaba este trato extorsivo “empezó uno de los procesos más importantes de la institucionalidad argentina”, que condujo al establecimiento de una Corte Suprema independiente, elegida con un método transparente. Pero advierte que más de una vez ha estado en desacuerdo con sus fallos y se intuye que no las tiene todas consigo sobre lo que el tribunal pueda decidir cada vez. Es que al formar esa Corte con no partidarios, como hizo Mitre un siglo y medio antes, se ató al mástil de una institucionalidad a prueba de editoriales exaltados de los herederos de su precedente y de los socios mayores.

Días antes de asumir, una visita importante le planteó que para garantizar la convivencia debían ratificarse las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

–El ex senador Eduardo Duhalde.

–Sí, pero también algunos compañeros.

Dice que el impulsor de esa especie de “acuerdo cívico militar” fue el general Ricardo Brinzoni, quien había visitado a varios gobernadores para llevarles su propuesta. Kirchner lo recibió durante un almuerzo en Comandante Piedrabuena.

–Me habló de un trabajo coordinado para sostener la institucionalidad. Le respondí que la mejor manera era que cada uno cumpliera con el rol que le asigna la Constitución. A muchos les sorprendió que en cuanto asumí lo relevé. Lo hice en defensa del gobierno que comenzaba, porque bajo su conducción las Fuerzas Armadas volvían a actuar en terrenos que no les correspondía.

–¿Y con las leyes de impunidad?

–Pedí tiempo hasta comenzar mi gobierno, que necesitaba fortalecerse. Y cuando asumí respaldamos los juicios que se estaban realizando, como pedían los organismos y el sistema interamericano de derechos humanos, derogamos el decreto que firmó De la Rúa contra las extradiciones solicitadas por el juez Baltasar Garzón y pedimos la ratificación de la Convención Internacional sobre imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de lesa humanidad y la nulidad de las dos leyes.

Mucho más que tres

Le hago notar que los tres mayores aciertos que mencionó se produjeron en los primeros meses de su gobierno. Son los más importantes porque sin ellos no hubiera habido institucionalidad, dice, pero limitarlo a tres le parece mezquino. “Son muchos más.” La enumeración que sigue a borbotones incluye los gemelos superávit comercial y fiscal, la renegociación de la deuda externa, el pago al Fondo Monetario Internacional para que deje de condicionar la política económica, la recuperación del trabajo con la creación de cinco millones de puestos nuevos, los 23 aumentos concedidos a los jubilados, la reapertura de las negociaciones paritarias, la fijación mediante sucesivos aumentos del salario mínimo más alto de Latinoamérica, la inclusión en el sistema provisional de un millón y medio de trabajadores pasivos que habían quedado sin ninguna cobertura. “Todo esto va vertebrando un sistema muy diferente al que recibimos y también diferente a lo que pasa ahora. A mí me tocó sacar a la Argentina del infierno. Por eso las contradicciones de esa etapa son diferentes a las contradicciones de este gobierno…

–Después hablamos del gobierno de Cristina…

Pero Kirchner no quiere interrumpir su razonamiento. Dice que las contradicciones son diferentes porque cambió el campo de alianzas. Entonces “había muchos que aún pensando diferente acompañaban porque todos querían salir del infierno, pero ahí todavía no se perfilaba la definición profunda del modelo, y ahora sí”. Cuando le pregunto por los tres mayores errores o carencias de su mandato, su respuesta se adelanta a la pregunta siguiente: las falencias de su gobierno, que reconoce, son los principales méritos del de su esposa. No parece deliberado, pero sumando ambas cosas, no hay más que aciertos. Ese es el estilo que les permitió darle a la caída electoral del 28 de junio la dimensión de un traspié, cosa que exaspera a los opositores que los daban por acabados. Una vez Cristina dijo que eran dos cuerpos con un solo cerebro.

Los medios y los fines

Kirchner no percibió que “la democratización debe ser total, más profunda”, que también era necesario consolidar “un sistema de medios absolutamente democrático y no monopólico”. Tuvo “la ingenuidad de esperar comprensión, para construir una Argentina democrática”. Después de reintegrar al sistema previsional a quienes habían quedado afuera por las privatizaciones que dejaron a tantos sin empleo, entendió que esa respuesta era parcial. También se habían privatizado “los fondos de los trabajadores, mediante las famosas AFJP, que crearon gran parte de la deuda argentina, por el buco que generaron en el presupuesto”. Se suponía que esos fondos servirían para crear un mercado de capitales, que benefició a muy pocos y descapitalizó a los trabajadores. La decisión posterior de recuperar el sistema previsional “la podríamos haber realizado nosotros, pero no lo vimos con claridad”. No parece recitar un libreto, sino buscar respuestas que aún no conoce. “A veces, es necesario ganar en homogeneidad, un proyecto tiene que ir construyendo conciencia en la gente”, tantea. Luego vuelve a terreno más conocido: “A este proyecto político lo atacan mucho más por los aciertos que por los errores”. Esos aciertos, dice, hicieron que se juntaran muchos “sin ideas y sin proyectos, sólo por tratar de revertir lo avanzado”.

“A Cristina le toca enfrentar un núcleo duro cerrado y desestabilizador, que se opone a la política de derechos humanos, más los sectores monopólicos mediáticos, a los que se suma una oposición política que destruyó la Argentina dos veces y no aporta ideas para la construcción a partir del caos que ellos crearon. Por el contrario, siempre tratan de profundizar cualquier contradicción para que todo se agrave. Eso es lo que hoy tenemos enfrente y lo que en la Argentina futura se va a debatir”.

Frente a ese cuadro, afirma que la respuesta de CFK consiste en mejorar la calidad institucional y pone como ejemplos la Ley de Medios Audiovisuales, la recuperación del sistema previsional, la asignación universal a cada hijo, el Fondo del Bicentenario. Kirchner entiende que la Asignación Universal es la medida de política social más importante que se adoptó en medio siglo. “Muchos dicen que ellos la plantearon primero. No vamos a discutirles. Si todos la querían, que la presidente la haya adoptado es un triunfo de todos. ¿No?”. También reivindica el Plan Argentina Trabaja, que mediante las cooperativas se aparta de los planes clientelistas que se dictaron en el inicio del siglo, “inclusive en algún momento de nuestro gobierno”. Es difícil compatibilizar su enfoque con los de la oposición, política, corporativa y mediática, que denuncia un atropello institucional tras otro. “Son los que trabajan para desestabilizar al gobierno. Lo que ocurre es que no nos estamos rindiendo al sistema. Llegamos para transformarlo”, replica.

Conflictos de intereses

La personificación de esa queja es el vicepresidente Julio Cobos. Kirchner pide que se tome conciencia del lastre que debe remontar Cristina, con el único “vicepresidente desestabilizador” que tuvo la democracia desde 1983, que “goza de los privilegios institucionales de un proyecto político al que traicionó y del que se plantea como alternativa”. También señala el machismo de la sociedad, al que atribuye que haya prosperado “el cuento de que yo tomo las decisiones, con el que intentan desgastarla. No la conocen a Cristina, ni a mí”.

El escollo con que chocó el actual gobierno a poco de andar fueron las patronales agropecuarias. Kirchner cree que “se podría haber comunicado mucho mejor” pero defiende la necesidad de las retenciones al comercio exterior de la soja, “tanto por la extensión de sus plantaciones y el nivel de precios como por la distribución del ingreso”. Omite nombres pero opina que “quienes trabajaban con Cristina en el tema no estuvieron a la altura de las circunstancias”. Se remite a una declaración de su esposa: “sin renunciar a las medidas en las que uno cree, desde la presidencia hay que buscar una síntesis, sin odios ni enojos”. Pero lo que se ve es un conflicto ríspido. “Que no nos asuste, muchas veces habrá conflicto de intereses. Ordenar los intereses de la sociedad significa equilibrar cargas que no lo están y eso genera conflictos”. Pero cree posible una síntesis, que no perjudique a nadie y que respete “los intereses de la mayoría de los argentinos”.

El gran examen

Cuando habla de su esposa trasunta una admiración que no se compadece con la imagen tan difundida, que la reduce a mera emanación de su voluntad. Dice que el manejo de la crisis internacional fue “el gran examen que dio Cristina”. Describe la crisis como más profunda que la de los años ’30, con el derrumbe del sistema financiero, el estallido de la burbuja especulativa simbolizada por instituciones como Lehman Brothers, emblemáticas del Consenso de Washington, y el uso del Estado como resguardo cuando todo temblaba. “Los dirigentes europeos y estadounidenses no podían comprender lo que les estaba pasando ni atinaban a aplicar el antídoto correcto, hasta que apelaron al tipo de medidas defensivas que nos criticaban a nosotros”. El razonamiento se cierra en el punto en que comenzó: “¿Se imagina si hubieran estado a cargo quienes gobernaron la Argentina en la década del ’90 o en la crisis de 2001? Hubiéramos tenido política de ajuste, descuento de salarios, descuento de ingresos a las provincias, pactos fiscales a cuenta de la coparticipación”. Y, aunque no lo diga, represión, para imponer ese programa. Agrega que “quienes hoy tanto hablan de coparticipación son los mismos que firmaron todos los pactos fiscales y llamaban a los gobernadores para que las provincias resignaran fondos”.

Reservas y deuda

La alabanza se refiere a las políticas activas para el sector automotor, el campo, la construcción, la inversión pública. Cuenta que en marzo hay 150 escuelas a inaugurar y miles de obras básicas y fundamentales para activar y para generar empleo, que comenzaron en 2008 y 2009. “Por eso la Argentina creció el 0,5 o 0,6 por ciento pero no decayó”.

–¿En 2009?

–Sí. Decían que se iban a vender 200 mil automóviles, se vendieron 550 mil. La recaudación aumentó en los dos últimos meses del año, y en este enero que comienza, está creciendo a dos dígitos. Se exportó carne por 1935 millones de dólares, cuando decían que iba a ser necesario importar. También ingresaron 670 millones de dólares por exportaciones de lácteos. A pesar de la tremenda crisis internacional, de la sequía, del conflicto, de no haberse liquidado algunas cosechas, los resultados económicos permitieron llegar a 48.240 millones de dólares de reservas.

–Varias fuentes de la oposición dicen que se reinicia el endeudamiento.

–Eso no es serio. Estamos pagando la deuda que contrajeron los gobiernos que se sucedieron desde 1976 hasta 2003. Cuando asumimos, la deuda equivalía a más de una vez y medio el Producto Bruto, ahora apenas pasa del 40 por ciento.

¿Qué es una derrota?

Reformulo su planteo de esta manera: desde 1983 hasta 2003 rigió un pacto de gobernabilidad. Los intereses hegemónicos que emergieron de la dictadura autorizaron la subsistencia de gobiernos electos, siempre que no afectaran sus negocios y que ajustaran sobre las espaldas de los trabajadores. Kirchner rompió este acuerdo en 2003. Pero entonces, ¿cómo se explica que su candidatura haya sido derrotada por nadie el 28 de junio?

–Hubo varios factores. El conflicto por la 125 produjo una confusión en la sociedad, que poco a poco se fue aclarando. Después empezamos a remontar desde muy atrás. Había sectores que de verdad querían que el gobierno se cayera…

–¿Querían?

–Y siguen queriendo. Dirigentes con nombre y apellido lo han dicho en público.

Cree que parte de la confusión fue que se atribuyera a factores internos la pérdida de poder adquisitivo de sectores medios y mediosbajos, que no lo relacionaron con la crisis internacional. También computa la zozobra que provocó la pandemia de gripe A. Pero considera central debatir si su construcción política fue correcta, porque percibe alguna desconexión entre el mensaje a la sociedad “y aquellos que tenían que instrumentarlo, que a veces pensaban más en sus intereses individuales que en los del proyecto nacional. Sin proyecto nacional es imposible que haya un proyecto provincial y menos proyectos municipales. Lo estamos discutiendo, nos autocriticamos”. También incluye en el análisis lo que llama “el cerco mediático para desgastarnos y limarnos”, y los recursos ilimitados de la campaña de quienes resultaron ganadores cuyo gasto “fue astronómico” y del que no debieron rendir cuentas. Aunque dice que “fuimos la primera minoría del país, por más de 6, 7 puntos”, no intenta minimizar el fuerte simbolismo de la derrota en la provincia de Buenos Aires. “Nos ganó la derecha”, señala.

La incidencia del Indec

Le doy mi opinión sobre la incidencia de la situación del Indec. El maquillaje de las cifras devaluó toda palabra pública y el enmascaramiento de la inflación dificultó ver ese sufrimiento de los sectores medios-bajos y bajos y demoró una medida como la Asignación Universal, que debería haberse tomado mucho antes.

Kirchner interrumpe, con esa actitud de peleador que tanto irrita como admira:

–Pero se tomó…

Trato de terminar el razonamiento:

–…y en cambio se prefirieron los acuerdos con sectores oligopólicos, que bajaban dos o tres artículos por unos días, mientras subían todos los demás, y dos o tres semanas después subían también los precios acordados.

No coincide. Por un lado, defiende el cambio de un sistema armado para un esquema neoliberal donde crecían los servicios y desaparecía el resto. También señala que había funcionarios del INDEC cercanos a las consultoras, aunque no quiere generalizar porque la mayoría le parecen decentes. Pero además observa que en el momento de las elecciones la caída de la actividad había hecho que los precios se mantuvieran o cayeran. ¿Y el efecto de la negada inflación anterior sobre la credibilidad oficial?

–Se puede discutir. Pero lo importante es lo que se está haciendo ahora. El gobierno no se ha encerrado como si se sintiera dueño de la verdad absoluta. Se está haciendo un trabajo conjunto con las universidades nacionales, que permitirá crear un sistema que quede fuera de toda duda. La presidente ha elegido ese camino para buscar la solución definitiva.

Aún así, no niega la posible influencia del INDEC en el resultado electoral. “Sería absurdo de mi parte. Nunca hay una sola causa que determine un resultado”. Pero insiste en ponderar los otros elementos que mencionó.

Llamados de atención

Pienso en la depresión y el repliegue de Alfonsín después de la derrota de 1987, en las maniobras de Menem después de la de 1997 para que lo sucediera la inofensiva oposición y no sus feroces compañeros, en la terca negación con que De la Rúa fingía que la derrota de 2001 no lo afectaba porque no había sido candidato. La reacción de Kirchner no se parece a ninguna de ellas. Acepta el resultado en forma autocrítica, pero no lo siente como un drama (la oposición dice que actúa como si no hubiera ocurrido). Se ríe cuando recuerda sus malos resultados en varias elecciones en su provincia, donde después se impuso.

–La política es así. A veces hay derrotas que son llamados de atención, y además de analizar por qué se pierde hay que ver con quién se pierde. Lo más grave es que no perdimos con una fuerza progresista sino con el pasado, con los años ’90. No hay más que ver lo que están haciendo en la Ciudad de Buenos Aires. El Jefe de Gobierno dice que nosotros estamos terminados, y él todavía no empezó. A nosotros nadie nos puede quitar el valor de que hemos sabido gestionar, administrar. Este señor no ha podido mantener una sola decisión, y ha tomado las más agraviantes. Lo grave es que nosotros perdimos con eso y nuestro análisis es que ocurrió por no haber profundizado y corregido las cosas que teníamos que corregir. Por eso se tomaron todas las medidas que se tomaron después del 28 de junio.

Le menciono tres proyectos de reforma que él no aprobó: la fiscal en la que trabajó Felisa Miceli, la de la Ley de Entidades Financieras de Carlos Heller y la de la Carta Orgánica del Banco Central que presentó Mercedes Marcó Del Pont.

–Hubieran sido profundizaciones del modelo y, por ejemplo, hubieran evitado el problema con Redrado.

–Nos quedamos sin Felisa.

–Desde el gobierno se paró esa reforma mucho antes, porque Clarín había publicado una tapa sobre el tema.

Pero seguimos trabajando, dice, sin explicar cómo ni cuándo.

–El tema de la Carta Orgánica del Banco es una asignatura pendiente. La conversamos pero nos quedamos ahí por no alterar el funcionamiento del sistema financiero. Mercedes presentó un buen proyecto, hay que discutirlo, pero el mundo no termina hoy ni mañana, y la presidenta tiene muchas cosas más claras de lo que las tenía yo. Con Heller estamos conversando sobre este tema, nunca fue rechazado.


Testimoniales – Horacio Verbitsky

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El país|Domingo, 22 de agosto de 2010
LAS PAREJAS MAS EXTRAÑAS DE LA POLITICA ARGENTINA

Testimoniales

Proyecto Sur, el Socialismo y GEN prefirieron la alharaca testimonial en vez de la política de poder que impusiera al Grupo Ahhh… reponer los aportes patronales para aumentar las jubilaciones. También los aprontes electorales explican algunas extrañas parejas. Un memo de 1978 de Ricardo Molinas sobre la transferencia de Papel Prensa, el informe presidencial de esta semana y la misión del Capitán Garfio.

Por Horacio Verbitsky
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Bonasso y Biolcati. Uno por la expansión del gasto, otro por la reducción de los ingresos fiscales.

Es difícil interpretar por qué los once diputados de Proyecto Sur, los seis del Partido Socialista y los cinco del GEN no intentaron imponer la restitución de los aportes patronales disminuidos a la mitad por Carlos Menem y Domingo Cavallo en 1993, dado que sin ellos el Grupo Ahhh… no hubiera podido sancionar un teórico incremento del haber previsional al 82 por ciento móvil del salario mínimo, de insuficiente sustentabilidad más allá de los primeros meses, una vez que se consumieran los recursos acumulados por la ANSES. Si la virtud de esos bloques que se identifican como de centroizquierda fue introducir en el debate la enorme transferencia de recursos de los trabajadores a las grandes empresas, realizada por el menemismo cuando privatizó el sistema previsional, su vicio fue reducir la cuestión a una alharaca testimonial y no concretarla en una política de poder. En comisiones y en el recinto, Proyecto Sur sostuvo que ni el gobierno del Frente para la Victoria ni la oposición del Grupo Ahhh… estaba interesada en reimplantar los casi 21 mil millones de pesos al año de aportes patronales. En el camino quedó demostrado que esta falta de voluntad se extiende también a quienes reclamaron esa medida pero no se empeñaron por conseguir su aplicación, como si sólo se tratara de un juego de posicionamientos políticos. En la hipótesis más generosa, privilegiaron golpear al gobierno, forzándolo al veto, antes que obligar a la oposición a definirse respecto del origen de los recursos para financiar el 82 por ciento que reclaman. El argumento que se invocó en 1993 para la reducción de los aportes patronales a la mitad fue que incentivaría la creación de empleo registrado, pero lo que ocurrió fue lo contrario: niveles record de desempleo y de precarización.

Los veintidós

El quórum de la Cámara de Diputados es de 129 presentes y la sesión del miércoles pasado se inició con 135. Es decir que aquellos veintidós que responden a Fernando Solanas, Claudio Lozano, Víctor De Gennaro, Humberto Tumini, Rubén Giustiniani y Margarita Stolbizer fueron imprescindibles para que el Grupo Ahhh… sancionara su proyecto, que sólo incluye una referencia genérica a los recursos de la ANSES y su fondo de garantía de sustentabilidad. Sólo los cinco diputados del Nuevo Encuentro Popular y Solidario conducido por Martín Sabbatella retacearon el quórum con la intención de forzar al Grupo Ahhh… a una negociación que volviera los aportes patronales a su nivel original, pero además eliminara las exenciones al impuesto sobre las ganancias de la renta financiera e incluyera nuevos gravámenes sobre la minería y los juegos de azar. Por cierto, una vez concedido el quórum, los bloques de centro izquierda carecían de fuerza para aprobar su dictamen de minoría. Un porcentaje significativo de Proyecto Sur ni siquiera votó por su propio proyecto. Tanto Miguel Bonasso cuando Cecilia Merchán y Victoria Donda terminaron por apoyar el dictamen del Grupo Ahhh… y lo mismo hicieron los socialistas y el bloque de Stolbizer. Una vez aprobado en general el dictamen de mayoría, la votación en particular se tornó secundaria. Pero incluso en esa instancia los socialistas votaron a favor del proyecto de la derecha y los diputados del GEN se abstuvieron. El Poder Ejecutivo ya anticipó que, si el Senado aprueba la media sanción, la vetará y cree que ello ocurriría sin escándalo, dada la inconsistencia del proyecto del Grupo Ahhh…. En una de sus visitas al Congreso, el ministro de Economía expuso que los recursos a los que el Grupo Ahhh… se refiere aumentaron más de la mitad de su valor desde la extinción de los comisionistas privados de las AFJP, pero no son realizables de inmediato. El 40 por ciento son activos ilíquidos. Del 60 por ciento restante, la mitad son inversiones en activos que no podrían venderse en menos de diez años y la otra mitad demandaría entre dos meses y siete años. Si esos plazos se forzaran, se perdería más de la mitad de su valor. Amado Boudou estimó que las empresas con acciones en la cartera de la ANSES sufrirían pérdidas por 6354 millones de pesos por una venta anticipada. Esas empresas se financiaron colocando acciones por medio de las AFJP, entre ellas el Grupo Clarín, cuyo valor se desplomaría en un 77 por ciento, y Siderar, de la Transnacional italiana Techint, Telecom, los bancos Macro, Galicia y Patagonia, Molinos, Pecom Energía, Aluar, Transportadora de Gas del Sur y Pampa Holding. Durante la sesión, el presidente del bloque oficialista, Agustín Rossi, reveló un dato desconocido: Clarín se niega a pagar el porcentaje de dividendos que corresponde al 10 por ciento del paquete accionario que la ANSES heredó de los comisionistas privados. Rossi también narró cómo llegaron esas acciones a poder del sistema previsional: las AFJP compraron a 30 pesos cada acción lanzada por Clarín al mercado. “Al mes valían 13 y ahora 6. Esa pérdida fue del sistema previsional y a cuenta de los trabajadores y jubilados argentinos”, tema que se dirime en una de las muchas causas judiciales que oponen al Grupo con el Estado. Esta semana se sumó otra, cuando Planificación declaró caduca la licencia de Fibertel para prestar servicios de Internet. Para Clarín se trata de un avance autoritario, ya que la Inspección General de Justicia aprobó la absorción de Fibertel por Cablevisión. Para el gobierno, la autorización debía provenir de la Secretaría de Comunicaciones, que nunca la concedió.

Parejas

La perspectiva electoral explica en parte tantos curiosos alineamientos, empezando por la súbita vocación reparadora del peornismo opositor (que desfinanció al Estado y privatizó el sistema previsional) y de la Alianza que redujo un 13 por ciento los ingresos de jubilados, pensionados y trabajadores estatales. La mayoría de sus miembros también se opuso a la recuperación para la sociedad del sistema previsional, que hoy permite estas discusiones. Dañar al gobierno es el único objetivo nítido que persiguen. Más allá, comienzan los roces entre los distintos sectores de la propia oposición. La sucesión presidencial se definirá en octubre de 2011, si alguna candidatura se impone en la primera vuelta, o en noviembre si nadie supera el 45 por ciento o el 40 por ciento más una diferencia del 10 por ciento sobre la segunda fórmula más votada. Pero las primarias abiertas obligatorias serán dentro de un año, y dos meses antes deberán conformarse las alianzas. Es decir que el mapa electoral comenzará a definirse dentro de apenas diez meses. Por eso, al mismo tiempo que se dirime quiénes representarán a cada partido en las urnas, se sondean posibles acuerdos por encima de las fronteras partidarias. Tan pronto se forman como se deshacen fantasmales parejas, que no constituyen mucho más que tentativas de ir delimitando espacios de atracción o de rechazo. Luego de casi tres décadas del baile democrático de la escoba ninguna combinación es imposible, pero a medida que corren los meses se acelera el ritmo de la melodía y nadie quiere quedar solo, ni en el oficialismo ni en las múltiples facetas de la oposición, que sólo se unifica en la fantasía (o la exigencia) de las corporaciones.

En 2005, los diputados bonaerenses de Carrió pidieron el juicio político del entonces gobernador Solá y de su ministro de Asuntos Agrarios Raúl Rivara, a raíz de la compra directa y con pago en efectivo anticipado de tres millones de kilos de harina de maíz y soja por parte del gobierno provincial a la empresa Rivara S.A., presidida por un hermano del ministro. Solá desdeñó la acusación como un “circo político”. En diciembre de 2008, la propia Carrió se refirió a Solá (y al vicepresidente Julio Cobos) en un acto de la juventud del ARI en Mendoza: “No vamos a incorporar a los corruptos que hace tres meses pertenecían al régimen”, dijo. Durante la sesión legislativa, Solá recordó aquellos años. Contó que Kirchner una vez le dijo “el poder es tener cash” para “hacer los programas que uno quiera”, dando y quitando en forma “siempre arbitraria”. No hay registro de que Solá lo haya denunciado antes de ahora. La intransigencia de Carrió no se ha modificado respecto de Cobos. Solá, en cambio, ha merecido su indulto, por razones que no han tenido una explicación pública. Por estricto orden alfabético, la jefa de la Coalición Cívica Libertadora también contempla el acercamiento con el líder de Proyecto Sur, Fernando Solanas. Presionado por las pequeñas fuerzas que buscan un paraguas para guarecer sus propias candidaturas, el cineasta se está resignando a una postulación testimonial para la presidencia, en vez de competir con mayor probabilidad por la jefatura de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Quien aspira a esa posición en lugar de Solanas es el economista Claudio Lozano, cuyo aporte es funcional en el bloque legislativo pero que carece del atractivo electoral necesario para disputar el cargo mayor. Solanas se tentó con la posibilidad de sumar allí a la ex chaqueña, pero tuvo que retroceder antes que rápido. Pocas horas después de admitir coincidencias con Carrió debió aclarar que estaba lejos de proponer una alianza y que diferían en algunos temas, como las retenciones a la comercialización de oleaginosas. La juventud del grupo de Lozano había emitido un furibundo comunicado titulado “No descarriemos”, según el cual “Elisa Carrió es parte del problema y no de la solución. Es el país que no queremos”. Carrió, por su parte, ungió al juvenil Adrián Pérez como su candidato en la Capital. Situaciones equivalentes se producen en el peornismo opositor. La nacionalidad del diputado Francisco De Narváez sólo le permitiría postularse en la provincia de Buenos Aires, por lo cual ha comenzado a sondear posibles combinaciones con precandidatos presidenciales que no tengan fuerte sustentación bonaerense. Una dentro del peornismo opositor, con el ex gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann y otra con el aún vicepresidente Julio Cobos, quienes oscilan entre una postulación presidencial y probar suerte una vez más en sus respectivas provincias. Dentro del Frente para la Victoria una corriente sostiene que la fórmula kirchnerista debería incluir como vicepresidente a Sabbatella. Otra, en cambio, entiende que ese lugar debe ser para el PJ y que Sabbatella sería un buen acompañante de Daniel Scioli para la vicegobernación bonaerense. Pero el ex intendente de Morón ha hecho saber que no aceptará esa propuesta, porque disiente con el armado político que implica, sobre todo en el conurbano y que, en cambio, aspira a la gobernación. Se propone repetir así la experiencia que hizo en su municipio donde fue elegido varias veces con más del 50 por ciento de los votos mediante el corte de boleta, ya que no adhirió a ninguna candidatura provincial. Durante el debate previsional, Rossi también recordó que al comenzar el año la agenda de la oposición consistía en mermar los ingresos del gobierno; cuando vieron que no podían avanzar pensaron en atacarlo por el lado de la expansión del gasto, escenario más simpático si se destinara a los jubilados. Pero su único objetivo, concluyó, era conseguir el títular del diario Clarín de ese día, que exhibió desde su banca en la madrugada. “Otra derrota para el gobierno. Diputados vota el 82 por ciento móvil”, decía. La secuencia no es tan lineal y la desfinanciación del Estado no ha salido de la agenda de la oposición, como se verá esta semana al vencimiento de las facultades delegadas por el Congreso en el Poder Ejecutivo para tasar las alícuotas del Código Aduanero. Bonasso por la jubilación máxima y Hugo Biolcati por la retención mínima forman la más improbable de estas extrañas parejas.

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